Cuando partí con el tatuaje, la escena en la que me desarrollé estaba arraigada en el dibujo, la ilustración y el punk. Siento que ese entorno sirvió como mi escuela para aprender el oficio: un espacio muy cómodo entre amigos donde iba aprendiendo de a poco. Nunca tuve un maestro que me enseñara a tatuar; aprendí preguntando y mirando mucho.

Soy de Chile, del país más sur de Latinoamérica. Crecí en Santiago, la capital, y a los diecisiete años me fui a vivir a Valparaíso, la costa. Ahí fue donde entré al mundo del tatuaje impulsado por mis amigos. Y empecé más que nada a tatuar.
Yo dibujé de siempre—hacía fanzines, grafiti, pintura mural, y me encantaba el cómic. Como a mi entorno le gustaban mis personajes, me decían que debía tatuar. Un gran amigo, el Diego, me pasó mi primera máquina y me abrió las puertas a este mundo, algo que siempre le voy a agradecer.



Al principio era solo un experimento más entre la escultura y la pintura que ya hacía. Pero me fui obsesionando con el oficio y, cuando empecé a ganar mis primeras lucas con Diego y con mi propio trabajo, vi un camino favorable.
La escena punk de allá era altamente política, por lo que hay una dimensión de solidaria también. Participaba en actividades con el fin de recaudar fondos para causas animalistas, para ayudar a personas presas o, en general, causas solidarias. Eso también le hizo sentido al oficio porque sentía que era una herramienta pa poder ayudar a otras personas que necesitaban dinero en ese entonces.



Pero nunca pensé en ser tatuador; todo se dio muy orgánicamente. Hasta que un día me di cuenta de que ya era parte de mi vida y me dije: Ya estoy en esto, ahora hay que ponerle todas las ganas.
Mi nombre tiene su origen en un libro, uno de los primeros que ilustré, de un escritor argentino. Como yo lo veo, significa un mundo imaginario. Entonces, en la parte gráfica, sería como una especie de traspaso de este mundo imaginario al dibujo. Siento que es medio críptico, pero en el fondo también suena lindo y ya se quedó. A veces me lo quiero cambiar porque me parece pretencioso, pero todo es pretencioso en Instagram y en las redes sociales, así que no importa.
Los diseños y los motivos que elijo, en general, tienen que ver con lo que esté absorbiendo visualmente en esa temporada. Por ejemplo, ahora estoy leyendo varias cosas de fantasía medieval y un par de cómics también de ese estilo, y siento que mis dibujos tienden a mostrar eso: últimamente he dibujado dragones, guerreros medievales y un sinfín de otras cositas más, pero eso va cambiando.

Creo que mi inspiración más grande siempre ha sido la cerámica y la escultura; miro muchas cosas que no tienen que ver necesariamente con el tatuaje. También me inspiran otros artistas y mis amigos. Siento que estoy rodeado de un universo visual muy grande.
Vivo en México hace años y estar aquí ha sido eso, ¿no? He podido empaparme de la cultura visual de allá, como salir a la calle y encontrarte con una escultura monumental, ir a los museos e incluso observar a la gente. Hay mucha cultura artística. Me fijo mucho en la arquitectura también. Siento que estoy todo el tiempo en una especie de búsqueda inconsciente de fuentes de inspiración.



Mi código artístico, o mi lema, en verdad tiene que ver con respetarme a mí mismo y con no pasar a llevar a nadie. Me refiero a ser consciente de que lo que estoy haciendo es lo que quiero hacer, ¿no? Como que si voy a dibujar algo, es porque me agrada. Evidentemente hay muchas cosas del oficio y del trabajo que a veces no te gustan, pero pretendo privilegiar siempre el poder expresarme y el poder ser yo a la hora de dibujar, tatuar o lo que sea que haga de expresión artística.


Siento que lo que más se repite en mi dibujo es que intento siempre tener una especie de visualidad emocional. Siempre hay ciertos conceptos o cosas que estoy atravesando yo y que en el dibujo trato de expresar. Siento que funciona porque a la gente también le lleva. Todos vivimos cosas parecidas, como que males de amores o tristezas u otras cosas también, ¿no? Como rememoranzas de nuestras culturas antiguas y un sinfín de otros tópicos que nos atraviesan a nosotros, como latinos y como personas sintientes.




Mi proceso creativo tiene que ver con eso. Soy un oficiante del dibujo; me obligo a dibujar constantemente. En todas esas veces que me obligo a dibujar, salen cosas buenas a veces y otras cosas no tanto; pero en el oficio hay que ser un practicante constante para que aparezcan cosas.


No creo en la genialidad, no creo que las personas sean iluminadas del dibujo o que llegue la inspiración de una forma divina; yo creo que eso se tiene que construir, y se construye haciéndolo constantemente, con disciplina, con tiempo de ocio y con disposición a empaparte de imágenes y de visualidad, de salir al bosque y buscar inspiración en cosas que están alrededor tuyo. Siento que, en mi caso, no la busco tan conscientemente, pero siento que ya tengo métodos para nutrirme de imágenes visuales, y ya a la hora de ejecutar dibujos, nada: es solamente sentarse y empezar a trazar, po. Y a ver qué sale.
– ENTELEQUIA GRÁFICA x Dead Relatives.